Crónica de la Misión Humanitaria en India 2019

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Aterrizar en Calcuta suscita siempre gran emoción. Para los voluntarios que por primera vez se asoman a la aventura, es más que comprensible. Seguro que ya se han informado sobre Calcuta y algún amigo les habrá contado un sinfín de cosas y dado otro sinfín de recomendaciones. Pero, para quien Calcuta se ha convertido en una cita anual irrenunciable, la emoción es también enorme.

Este año éramos diez voluntarios procedentes de España, Italia, Estados Unidos y México. Llegamos el día 30 de julio tras un largo viaje. Una vez que todos nos encontramos en el aeropuerto -bueno, todos menos dos que llegaron algunos días más tarde- salimos hacia el hotel “Executive Tower” donde nos hospedaríamos hasta que el día 15 de agosto dejáramos la ciudad.

El primer impacto con Calcuta es fuerte, muy fuerte. Suscita un montón de sentimientos violentamente contrastantes. Pero poco a poco el grupo se fue ambientando. Lo que al inicio te crea confusión con el tiempo te genera una extraña atracción. Algunos voluntarios, de esos que llenan las calles de Calcuta, año tras año, dicen: “Kolkata me mata”.

Nuestro servicio se desarrolló en varios centros: “Shishu Bhavan”, de las misioneras de la Caridad; “Nabo Jibon”, de los misioneros de la Caridad; y “Nirmal Niketan”, de los misioneros de la Palabra.

“Shishu Bhavan” se encuentra a dos pasos de la “Mother House”, la casa en la que Madre Teresa vivió y donde está enterrada. Las “sisters” acogen a niños recién nacidos abandonados y además tienen un dispensario médico que ofrece medicinas y atenciones sanitarias a cientos de miles de pobres de la ciudad. “Nabo Jibon” se encuentra en la zona de Howrah, un área periférica y particularmente pobre; en él los “brothers” cuidan unos 70 varones abandonados, ancianos, enfermos o discapacitados.

“Nirmal Niketan” se encuentra también en la periferia de Calcuta, pero hacia el otro lado de la ciudad, en Kabardanga; es un centro para niños y jóvenes discapacitados provenientes de ambientes de extrema pobreza. Nuestra asociación VIDA lo ha construido prácticamente todo y lo sostiene enteramente; los misioneros de la Palabra llevan la gestión y administración. Cincuenta y ocho menores estudian y comen ahí; nueve de ellos incluso duermen en el centro.

El trabajo en ”Shishu” y “Nabo”, como les llamaban los voluntarios, es bastante sencillo: lavar la vajilla, servir la comida, tender la ropa, asear la casa, hacer compañía a los enfermos, jugar o bromear con ellos… En el “Nirmal” los misioneros dibujaron con los niños, jugaron, les ayudaron en sus deberes e, incluso, uno de los días, se los llevaron de paseo a la “Sciences City”… que, por cierto, fue una experiencia maravillosa. En el “Nirmal” pintamos paredes, escaleras y columnas; un trabajo que sería bastante tranquilo si no fuera por el calor sofocante y las lluvias monzónicas. Una de las experiencias más bonitas en el “Nirmal” fue el festival que los estudiantes y las maestras nos ofrecieron el último día para agradecernos y despedirnos; lo prepararon con mucho empeño y en todo momento manifestaron un afecto conmovedor.

No faltó tampoco este año el “Hope for Homeless”, un programa de VIDA en favor de las personas que viven en la calle o en los “slum” más paupérrimos de la ciudad. Distribuimos a casi 250 familias comida y útiles de aseo e higiene, gracias a la generosidad de tantas personas que hicieron una donación.

Habría muchas más cosas que contar sobre Calcuta, sobre el grupo de voluntarios, sobre las actividades que llevamos a cabo. Lo que pasa es que cuando se escribe sobre Calcuta y sobre la experiencia que se vive ahí con VIDA se tiene la extraña sensación de que es imposible expresar casi nada. Así que, o se hace una síntesis extrema (como en este caso) o se acaba por escribir un libro; creando seguramente insatisfacción en cualquiera de los casos. Y es que Calcuta hay que vivirla, la misión humanitaria hay que vivirla. No hay más. Es la única manera. Pero ojalá estas líneas hayan suscitado el deseo de dar el paso cuanto antes y de unirse a la aventura para vivir una de las mejores experiencias de la vida, con VIDA.

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